Friday, July 12, 2002

AIDS 2002 Today

Conmoción en Barcelona: Los Gays se Esfuman

Han cambiado muchas cosas en el mundo del VIH/SIDA desde la última vez que asistí a una conferencia internacional, en Montreal en 1989. La mayoría arrolladora de personas afectadas por el sida ahora son mujeres y hombres heterosexuales, o niños. Los días en que el sida era una “enfermedad de homosexuales” hace tiempo que acabaron.

De los 22 millones de personas fallecidas por sida, menos de un millón han sido varones homosexuales – todavía es una cifra espantosa de fallecidos, aunque sólo una pequeña parte del total.

Esto se ve reflejado en las medidas de la Conferencia. Hay muchos hombres homosexuales aquí, algunos de los cuales, como yo, han estado trabajando en temas sobre el sida durante casi 20 años. Ahora nos superan en cantidad los profesionales del sexo, activistas comunitarios y personas con VIH de los países en desarrollo, casi todos ellos heterosexuales.

La mayoría de estas personas no recuerdan la primera década de la epidemia, que estuvo dominada por candentes debates sobre homosexualidad, e incluso un debate sobre si existía la transmisión heterosexual del VIH. Hoy esto parecería una broma macabra, cuando mueren 3 millones de personas cada año a causa del sida transmitido heterosexualmente.

A finales de los 80 hubo un debate sobre la “heterosexualización” del sida. Los heterosexuales – médicos, políticos, burócratas – nos estaban robando “nuestra” epidemia.

Hoy en día el mundo heterosexual es casi el único dueño del VIH/SIDA. La necesidad apremiante de encontrar una manera de frenar la epidemia es lo que dirige la investigación a las nuevas terapias, de las que, paradójicamente, los hombres homosexuales en los países ricos son en la actualidad los principales beneficiarios.

Se solía decir que la coalición contra el sida estaba formada por “hombres homosexuales y mujeres heterosexuales” – los heterosexuales nunca tratarían el tema del sida porque tendrían miedo a ser etiquetados como homosexuales.

En la actualidad esto ha cambiado radicalmente. El sida es tan claramente una enfermedad heterosexual que la gran mayoría de personas comprometidas en el activismo del sida son heterosexuales.

Como uno de los hombres homosexuales que trabajan aquí en Barcelona, me sentiría muy triste si las preocupaciones sobre los homosexuales se sacaran del programa. Pero estoy más que contento de ver un entorno en el que hombres y mujeres heterosexuales, principalmente de países en desarrollo, están tomando posiciones de liderazgo.

Adam Carr