Un tercio de las mujeres VIH positivas de tres clínicas prenatales que participan en un estudio en Soweto, África del Sur, admitieron haber realizado “trueque sexual” a cambio de comida, ropa, transporte, pago de gastos escolares, dinero o regalos para sus hijos.
En Uganda, una ley que prohíbe toda forma de prostitución ha llevado a una mayor vulnerabilidad entre los trabajadores del sexo a contagiarse por VIH-AIDS a través de actos violentos, violaciones y otras formas de abuso sexual o de los derechos humanos por clientes y personal de seguridad.
Estos han sido algunos de los datos clave sobre los que informaron investigadores que repartían artículos en una sesión titulada, “Compañeros arriesgados: trueque sexual y sida”. En ambos casos se encontró que la violencia jugaba un papel clave. Kristina Dunkle, epidemióloga de la University of Michigan y que trabaja en el Grupo Género y Salud del Consejo de Investigación Médica de África del Sur, informó que muchos de las personas que respondieron y que tomaron esos riesgos tenían un historial de la violencia en sus relaciones de pareja. Simon Sentumbwe, director del Centro de Investigación de la Paz de Kampala, dijo que 56% de los 500 trabajadores del sexo comercial entrevistados por su equipo creían que el código penal jugaba un papel importante en la propagación de las enfermedades de transmisión sexual y del VIH/sida.
Afirmaron que esto pasaba cuando era el cliente quien les forzaba a mantener sexo inseguro (84%), cuando no tenían capacidad de recurrir legalmente ante una violación o abuso (70%) y que la misma ley socava los esfuerzos para diseñar e implementar las actuaciones entre prostitutas (22%).
Ninguna de las 1.395 personas de Soweto se consideran a sí mismos trabajadores del sexo. Dijeron que vivían vidas normales, haciendo todo lo que podían para sobrevivir y alimentar a sus hijos.
Un 64% de mujeres dijo haber tenido en algún momento una pareja fortuita. Aquellas que decían que en su casa se pasaba hambre tenia más probabilidad de decir que habían tenido trueques sexuales.
En otra presentación de la sesión, Augustine Ankomah de la Sociedad para a Salud Familiar (Society for Family Health) procedente de la muy religiosa Nigeria formó grupos de estudio en ocho burdeles en cuatro ciudades y encontró que la fe entre los trabajadores del sexo tiene potencialmente consecuencias letales.
Afirmó que creían que nunca se infectarían por su fe y rechazaban los condones como algo irrelevante porque “sólo Dios puede proteger a una persona de la infección.”
Un dato relacionado era un gran sentido de predestinación y que aquellos que iban a morir de sida ya estaban contados, de modo que tomar medidas preventivas no tendría ningún sentido si el destino de uno ya ha sido decidido por Dios.
AIDS 2002 Conference News produced by Health & Development Networks/Key Correspondent Team